Aeonium
Aeonium agrupa alrededor de 35 especies de la familia Crassulaceae, casi todas endémicas de las Islas Canarias, con algunas presentes en Madeira, Cabo Verde, el norte de África y hasta el este del continente. Muchas islas tienen sus propias especies exclusivas. Su forma es inconfundible: una roseta plana, casi como un plato, sostenida en el extremo de un tallo leñoso que con los años se ramifica y da a la planta un aire de arbolito. No hay otra suculenta que se le parezca.
Lo que hay que entender antes de comprar uno. Los aeonium tienen el ciclo invertido respecto a casi todas las demás suculentas: crecen en otoño e invierno, que es la estación húmeda del clima macaronésico, y entran en reposo en pleno verano. Durante los meses de calor cierran la roseta como un puño, sueltan las hojas viejas y dan la impresión de estar muriéndose. No lo están. Es su comportamiento normal, y la respuesta correcta es regar menos, no más. La segunda particularidad es que cada roseta es monocárpica: cuando florece, esa roseta concreta muere después de dar semilla. En las especies ramificadas no pasa nada, porque el resto de brazos continúa; en un ejemplar de una sola cabeza, se pierde la planta entera.
Qué variedades tenemos. El Aeonium arboreum es el clásico canario, el que forma setos y coloniza taludes; en el catálogo aparece en su versión de roseta oscura, casi negra, que es la más apreciada en jardinería. Aeonium ‘Velour’ sigue esa misma línea oscura con un acabado aterciopelado. En el extremo opuesto está el Aeonium ‘Kiwi’, seguramente el más popular de todos: roseta tricolor con el centro verde crema y los bordes rosados, muy vistosa pero también más sensible al sol fuerte del mediodía. Las variegadas completan el conjunto: Aeonium decorum variegatum en su forma amarilla, Aeonium ‘Pink Witch’, el Aeonium ‘Red Garnet’, conocido también como ‘Vulcan’, y el Aeonium ‘Medusa’, de crecimiento irregular y muy buscado por coleccionistas. Aeonium ‘Morticia’ aporta otra roseta de tonos oscuros.
Cuidados. Luz: sol directo suave o semisombra muy luminosa. A diferencia de una echeveria, el aeonium agradece protección en las horas centrales del verano español, y las variegadas y el ‘Kiwi’ se queman con facilidad. Riego: moderado durante su época de crecimiento, de octubre a mayo, dejando secar la capa superior del sustrato; muy escaso en julio y agosto. Sustrato: drenante, pero admite algo más de materia orgánica que un cactus, porque en su hábitat crece entre rocas con acumulación de hojarasca. Sus raíces son superficiales, así que no necesita macetas profundas. Frío: por encima de 5 °C, sin heladas. En el litoral mediterráneo y en el sur de España se cultiva perfectamente en exterior todo el año.
Errores típicos. El principal, con diferencia, es regar en verano al ver la roseta cerrada y las hojas caídas: se interpreta como sed y se acaba pudriendo la planta durante su reposo. El segundo es tenerlo en un interior poco luminoso todo el año; el tallo se estira, se desnuda y la roseta queda pequeña y desgarbada. Si eso ya ha ocurrido, la solución es sencilla y muy efectiva: cortar la cabeza con un palmo de tallo, dejar secar el corte unos días y replantarla. Enraíza sin dificultad y el tocón suele rebrotar por varios puntos. El tercero es confundir la caída natural de las hojas basales con una enfermedad: un aeonium sano siempre va perdiendo las hojas de abajo mientras la roseta crece por arriba.
Nuestros aeonium se seleccionan uno a uno y se envían desde Almería, con el tallo sujeto para que la roseta no sufra durante el transporte.






