Lithops
Las Lithops son las suculentas que mejor engañan a la vista: cada planta es un único par de hojas fusionadas, hinchadas y medio enterradas, con la cara superior coloreada y dibujada como los guijarros del suelo en el que crecen. El género lo describió Nicholas Edward Brown en 1922 y su nombre une las palabras griegas para «piedra» y «aspecto». Pertenecen a la familia Aizoaceae y viven en zonas áridas de Sudáfrica y Namibia, sobre llanos de cuarcita, esquisto o caliza donde llueve poco y de forma muy estacional. Ese camuflaje las protege de los herbívoros: hasta que florecen, cuesta verlas aunque se esté pisando encima.
Cómo está hecha una piedra viva
Entender su anatomía evita la mitad de los errores. El cuerpo visible son dos hojas soldadas separadas por una fisura. La cara superior es una ventana: una epidermis translúcida que conduce la luz hasta el tejido fotosintético, que queda dentro y a menudo bajo tierra. Por debajo, la planta continúa en una raíz napiforme sorprendentemente larga. De ahí dos consecuencias prácticas: la maceta debe ser honda antes que ancha (8-10 cm como mínimo) y la planta debe quedar con la fisura a la altura de la gravilla.
El ciclo anual: cuándo se riega y cuándo no
Casi todos los Lithops que mueren, mueren de agua, y casi siempre en el mes equivocado. El calendario, para el hemisferio norte:
- Otoño (septiembre-noviembre). Es su temporada. De la fisura sale una flor solitaria, blanca o amarilla, parecida a una margarita, que se abre por la tarde. Aquí sí se riega: empapar bien y dejar que el sustrato se seque por completo antes de repetir.
- Invierno (diciembre-febrero). Reposo y muda. Dentro del par de hojas viejo se está formando el nuevo, que se alimenta del agua y las reservas del anterior. No se riega. Nada.
- Primavera (marzo-mayo). Las hojas viejas se arrugan y se secan hasta quedar como dos pieles de papel a los lados del cuerpo nuevo. Solo cuando están completamente secas y sueltas puede volver a darse agua, y con moderación. No conviene tirar de ellas: si no se desprenden solas, es que aún no ha terminado la muda.
- Verano (junio-agosto). Estivación. Por encima de 30 ºC la planta se detiene. Riegos mínimos o ninguno; como mucho, un poco de agua al atardecer si el cuerpo se arruga mucho. Que se vean algo arrugadas a finales de agosto es normal y no significa sed.
¿Por qué es tan grave regar durante la muda? Porque el par nuevo, en lugar de vivir de las reservas del viejo, se hincha con el agua del riego: las hojas viejas no llegan a secarse, la planta acumula dos o tres pares superpuestos, el cuerpo se deforma y el cuello, permanentemente húmedo y tapado por hojas muertas, acaba pudriéndose. Un Lithops aguanta meses sin beber; no aguanta una semana de exceso. Ante la duda, no regar.
Luz, sustrato y frío
La luz es la segunda causa de fracaso. Necesitan sol pleno o una ventana muy luminosa orientada al sur. Con poca luz se etiolan: el cuerpo se alarga como una columna, pierde el dibujo y ya no recupera su forma. Si salen al exterior, hay que aclimatarlas poco a poco.
El sustrato debe ser prácticamente mineral: pómice, arena silícea gruesa, gravilla o akadama, con un 10-20 % de materia orgánica como máximo. Nada de turba, que retiene agua durante días. Una capa de gravilla en superficie mantiene seco el cuello y reproduce el aspecto del hábitat. En cuanto al frío, en seco absoluto toleran temperaturas cercanas a 0 ºC; con el sustrato húmedo, 5 ºC ya resultan peligrosos. Un invierno fresco, luminoso y seco es justamente lo que provoca la floración del año siguiente. De abono, casi nada: bajo en nitrógeno, muy diluido y solo en otoño.
Cómo distinguir unas especies de otras
Hay alrededor de cuarenta especies aceptadas y muchísimas formas locales. Se separan por el dibujo y el color de la cara superior, la transparencia de la ventana, la profundidad de la fisura y el color de la flor, un carácter bastante estable. Las más frecuentes en cultivo:
- Lithops lesliei: cara pardo-oliva recorrida por una red fina de líneas, flor amarilla. De las más resistentes.
- Lithops aucampiae: tonos canela a rojizos, ventana amplia, flor amarilla. Excelente para empezar.
- Lithops karasmontana: caras claras y grisáceas con surcos pardos o rojizos, flor blanca. Procede de las montañas Karas, en Namibia.
- Lithops optica, y sobre todo el cultivar «Rubra»: cuerpos violáceos de ventanas muy translúcidas y flor blanca; algo más delicada, agradece sombra al mediodía.
- Lithops pseudotruncatella: la primera especie descrita del género, grisácea y de flor amarilla.
Identificar con certeza un ejemplar sin datos de procedencia es difícil incluso para aficionados veteranos: la referencia seria son los números de campo de Desmond Cole. Tampoco conviene confundirlas con géneros vecinos: Pleiospilos parece un Lithops enorme y granítico, pero desarrolla varios pares de hojas, y Conophytum crece en invierno.
Qué encontrarás en nuestro catálogo
Ofrecemos Lithops en dos tamaños, M y L, además de la referencia «Lithops Variedad», un surtido de especies y coloraciones pensado para quien quiere empezar una colección o montar una maceta con varias piedras juntas. Son ejemplares seleccionados uno a uno y enviados desde Almería a toda Europa. Si es su primer Lithops: maceta honda, la ventana más luminosa de la casa y la regadera guardada hasta el otoño.



