Suculentas raras
Ejemplares variegados y crestados: plantas que no se pueden producir en serie porque nacen de una mutación. Cada una es distinta de la siguiente, y ninguna se parece a lo que hay en un centro de jardinería.
Suculentas variegadas
Una planta variegada tiene sectores de tejido sin clorofila. Ese es todo el secreto de su aspecto —los blancos, cremas, rosas y amarillos que dibujan sus hojas— y también de su rareza.
La clorofila es lo que permite a la planta fabricar su alimento. Un ejemplar variegado tiene menos superficie útil para hacerlo, así que crece más despacio, es más delicado y necesita más luz que su versión verde. No se puede acelerar: el que quiera una Euphorbia mammillaris variegata de buen tamaño tiene que esperar años a que se haga.
Y no se reproduce a voluntad. La variegación aparece por mutación espontánea y no siempre se hereda: de un lote de esquejes, unos salen variegados y otros vuelven al verde. Por eso ningún vivero industrial las produce en masa, y por eso valen lo que valen.
Cactus y suculentas crestados
En una planta crestada —o cristata— el punto de crecimiento deja de ser un punto y se convierte en una línea. En vez de crecer hacia arriba en forma de columna, el tallo se abre en abanico, se ondula y forma cresta.
Ocurre por una alteración del meristemo, el tejido donde la planta genera células nuevas. No se induce ni se planifica: se descubre. Un cultivador revisa miles de ejemplares y encuentra uno que ha empezado a crestarse.
Cada cresta crece a su manera, así que no existen dos iguales. Una Polaskia chichipe cristata o una Mammillaria geminispina crestada son literalmente ejemplares únicos: la que compras no se puede repetir.
Todo lo que ves aquí lo cultivamos nosotros en el desierto de Almería. Son ejemplares contados, no reposiciones: cuando se acaba uno, puede pasar mucho tiempo hasta que haya otro parecido.
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