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Succulentae
15 plantas en Echeveria

Echeveria

La Echeveria es el género más reconocible de la familia Crassulaceae: rosetas simétricas de hojas carnosas, casi esculpidas, que se han convertido en la imagen misma de la suculenta. Reúne alrededor de 150 especies repartidas sobre todo por México, con presencia menor en Centroamérica y hasta el norte de Sudamérica, y debe su nombre a Atanasio Echeverría y Godoy, el ilustrador botánico que acompañó a la Real Expedición Botánica a Nueva España en el siglo XVIII. Casi todas crecen en laderas rocosas de altitud, con sol muy intenso, noches frescas y lluvias concentradas en pocos meses del año. Ese origen explica prácticamente todo lo que la planta necesita: mucha luz, poca agua y un sustrato que no retenga humedad.

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En un catálogo de Echeveria conviven dos mundos que conviene distinguir. Las especies puras tienen formas más severas y suelen ser las que buscan los coleccionistas. Echeveria agavoides tiene hojas triangulares y duras rematadas en una punta córnea, más parecida a un agave en miniatura que a una rosa; su selección Romeo lleva ese mismo perfil a un rojo vinoso casi uniforme. Echeveria purpusorum es pequeña y lenta, de hojas gruesas y rígidas jaspeadas de granate sobre fondo verde oliva. Echeveria secunda glauca forma rosetas planas de un azul glauco muy limpio y produce hijuelos con facilidad, hasta acabar haciendo colonia en la maceta. Y Echeveria tolimanensis, del entorno de Tolimán (Querétaro), rompe el patrón habitual: sus hojas son casi cilíndricas, gris azuladas, y apuntan hacia arriba en lugar de abrirse.

Los híbridos, en cambio, están seleccionados por color y textura. Echeveria ‘Perle von Nürnberg’ es el clásico europeo, obtenido en Alemania a partir de E. gibbiflora y E. elegans, con ese gris lavanda que se intensifica cuanto más sol recibe. ‘Neon Breakers’ y ‘Trumpet Pinky’ apuestan por los bordes ondulados y los tonos fucsia. ‘Raindrops’ desarrolla carúnculas, esas protuberancias redondeadas que aparecen en el centro de cada hoja y que le dan nombre. ‘Minibelle’ es caulescente: forma tallo y acaba pareciendo un pequeño arbusto de rosetas. A ellas se suman las variegadas, como Echeveria hanaikada variegata o la Esmeralda Variegada, y selecciones de vivero como Angel Wings, Madiba, Perla Púrpura, Linguas o Triquiana.

Cuidados comunes. La luz es el factor decisivo: necesita un mínimo de cuatro a seis horas de sol directo, o la ventana más luminosa de la casa. El riego debe ser abundante y espaciado, no frecuente: empapar el cepellón hasta que salga agua por el drenaje y no volver a regar hasta que el sustrato esté seco por completo, lo que en verano puede significar cada siete o diez días y en invierno una vez al mes o menos. El sustrato ha de ser mineral y muy drenante, del tipo cactáceas, mejor todavía si se le añade puzolana, pómice o arena gruesa; el sustrato universal de saco retiene demasiada agua para una echeveria. En cuanto al frío, aguanta bien hasta unos 5 °C, pero lo que la mata no es el frío en sí, sino la combinación de frío y sustrato húmedo.

Los errores típicos son siempre los mismos. El primero es la falta de luz: la roseta se estira, separa las hojas, pierde color y ya no vuelve a compactarse, así que hay que rehacerla por esqueje de la cabeza. El segundo, regar poco y a menudo en lugar de mucho y espaciado. El tercero, mojar el centro de la roseta o dejarla con agua encima al sol, lo que provoca podredumbre y quemaduras. El cuarto, manosear las hojas: muchas Echeveria están cubiertas de pruina, una capa cerosa blanquecina que las protege del sol y que no se regenera donde se ha frotado. Y el quinto, no vigilar la cochinilla algodonosa, que se esconde justo en la axila de las hojas del centro. Si la planta viene de invernadero, acostúmbrala al sol pleno de forma gradual durante un par de semanas.

Nuestras echeverias se seleccionan una a una y se envían desde Almería con un embalaje pensado para que la roseta llegue intacta, lista para trasplantar o para colocarla tal cual.