Euphorbia
Euphorbia es uno de los géneros más numerosos de todo el reino vegetal, con unas 2.000 especies que van desde malas hierbas de cuneta hasta árboles. De ellas, varios cientos son suculentas y se concentran en África continental, Madagascar, la península arábiga y las islas Canarias. Muchas se parecen tanto a un cactus que se confunden a diario y, sin embargo, no tienen ningún parentesco con él: es un caso de libro de evolución convergente, dos linajes sin relación que llegan a la misma solución porque viven en el mismo tipo de sitio.
Cómo distinguir una euphorbia de un cactus. Hay tres pistas seguras. La primera es el látex: al menor corte, una euphorbia rezuma una savia blanca y lechosa; un cactus nunca lo hace. La segunda son las espinas: en las euphorbias suculentas nacen por pares o sobre un escudo cornificado a lo largo de las costillas, no de una areola almohadillada como en las cactáceas. La tercera es la flor: la euphorbia no tiene flores vistosas, sino ciatos, estructuras diminutas de pocos milímetros; además muchas especies son dioicas, con pies macho y pies hembra separados, de modo que una planta sola nunca dará semilla.
Aviso importante: el látex. Esa savia blanca es irritante para la piel y puede provocar lesiones graves en los ojos y las mucosas. Usa guantes al podar o esquejar, no te lleves las manos a la cara mientras manipulas la planta y lávate después. Mantén las euphorbias fuera del alcance de niños y mascotas. Si haces un corte, el sangrado se detiene pulverizando agua fría sobre la herida. No es una planta peligrosa en una estantería, pero sí es una planta que hay que respetar con las tijeras en la mano.
Qué formas encontrarás. Las globosas son las más buscadas: Euphorbia obesa, la esfera a rayas del Karoo sudafricano, casi un objeto de diseño; Euphorbia meloformis, aquí en su versión variegada; Euphorbia susannae, que forma grupos compactos de pequeños globos tuberculados; y Euphorbia pseudoglobosa. Las medusoides tienen un cuerpo central del que salen brazos radiales como tentáculos: Euphorbia gorgonis y Euphorbia inermis son los ejemplos clásicos. Entre las columnares y ramificadas están Euphorbia aeruginosa, con tallos azul verdoso metálico y espinas cobrizas; Euphorbia enopla, de espinas rojas muy densas; Euphorbia anoplia, sin espinas y con costillas marcadas; Euphorbia mammillaris variegata, la conocida mazorca; Euphorbia aggregata variegata; y la Euphorbia horrida monstruosa, una forma de crecimiento irregular que nunca da dos ejemplares iguales. Mención aparte merece Euphorbia handiensis, endémica del macizo de Jandía en Fuerteventura y amenazada en su hábitat natural: los ejemplares en cultivo proceden de propagación, no de recolección. Y Euphorbia ‘Sotetsu Kirin’ añade el atractivo de un tronco escamoso de aire prehistórico.
Cuidados. Sol directo o luz muy brillante, con una salvedad: las globosas y las variegadas se queman si pasan de golpe de la sombra al sol pleno, así que la aclimatación tiene que ser progresiva, a lo largo de dos o tres semanas. El riego, escaso: cada diez o quince días en pleno verano, dejando secar el sustrato por completo, y prácticamente nulo de noviembre a marzo. El sustrato, mineral y muy drenante. Y una diferencia clave frente a otras suculentas: las euphorbias son más frioleras. Conviene no bajar de 8-10 °C; muchas especies africanas sufren daño en los tejidos antes incluso de llegar a cero.
Errores típicos. Tratarla como un cactus resistente que se puede dejar fuera todo el invierno. Regar durante el reposo invernal, que es la causa número uno de pérdidas. Alarmarse al ver la base del tallo endurecida y parduzca: en muchas especies eso es corcho, un signo normal de edad, no una enfermedad. Y cortar sin guantes. Conviene saber también que todas las Euphorbia suculentas figuran en el Apéndice II de CITES: su comercio es perfectamente legal a partir de material propagado artificialmente, que es el caso de todo lo que se vende aquí.
Enviamos las euphorbias desde Almería, embaladas de forma que ni las espinas ni el cuerpo suculento sufran durante el trayecto.













